Si hubiera que elegir a un jugador de la final que España le ganó a Holanda en el Mundial de Sudáfrica, aquel 11 de julio de 2010, sin dudas ese hombre sería Andrés Iniesta. El hombre que mejor entiende este juego en todo el mundo, el jugador cuya inteligencia futbolística va siempre diez segundos por delante de la de cualquier rival. El de Fuentealbilla jugó un partidazo y fue el héroe de la noche, no solo porque hizo el gol, no solo porque dio varias asistencias magistrales, sino porque además a él le hicieron la falta que provocó la expulsión por doble amarilla de Heitinga. Se jugaba la prórroga de un partido en donde, todo hay que decirlo, un equipo quiso jugar al fútbol, y el otro tan solo llegar a los penales. Corría el segundo tiempo de la prórroga y parecía que el plan de dar leña y hacer tiempo les iba a salir bien a los holandeses. Pero en eso se escapa Iniesta en la puerta del área, lo agarra Heitinga y el árbitro le muestra, por fin, la primera roja del partido. Quedaban tan solo 10 minutos para el final, era la gran oportunidad. Y la mejor generación española, en su mejor momento futbolístico, no la iba a desaprovechar. Tan solo 6 minutos después llegaría la jugada de ese gol que el futbol estaba esperando.
Hay muchos detalles muy bonitos en esa jugada, una larga posesión de 25 segundos que se inicia dentro del área grande de España y termina en el gol de Iniesta. Empieza cuando Ramos sale jugando la pelota por banda derecha, con un pase a Navas, que hace una corrida monumental sobre la línea de cal. Arranca a toda velocidad, se quita de encima a Van der Vaart que lo intenta agarrar y corre hasta cruzar la media cancha, cuando aparte de los tres que lo vienen siguiendo se encuentra con otros dos que lo esperan de frente. Uno de los que lo siguen aprovecha que Navas se frena y le toca el balón apenitas, con la punta del pie, justo para que su compañero que estaba detrás la reciba de frente, con todo el tiempo del mundo para salir jugando la pelota, a cuatro minutos del final del partido. Tiene tiempo, tiene espacio, tiene tres camisetas naranjas a su alrededor. Pero hay algo que no tiene, hay algo esencial que le falta. Me lo decía siempre mi viejo: “Aprender a jugar, no se puede. Podés aprender a tirar centros, penales, a hacer tiempo, pero a jugar al fútbol? no se puede aprender”.
Ese preciso instante contiene la esencia de lo que fue esta final de Sudáfrica: el holandés tiene todo el tiempo para salir jugando tranquilamente, solo tiene que controlar el balón, retroceder un poco, tiene mil variantes. Miro una y otra vez la repetición, y no termino de entender por que hace lo que hace. ¿Se deberá tal vez a esa manía de los entrenadores posmodernos por sacar la pelota hacia adelante, a toda costa? Puede ser. Lo cierto es que, como no sabe, lo que termina haciendo es lo único que no debería hacer: improvisar. La toca con la cara exterior del pie izquierdo hacia adelante, sin mirar, con tanta mala suerte que le cae a un español que está dos metros por delante de él. Y ese jugador sí que sabe. Es Andrés Iniesta, y aunque no tiene espacio ni tiempo porque ya se le viene un rival encima, lo primero que hace es parar la pelota. La controla y quiere salir jugando con Cesc, que está a sus espaldas. No tiene tiempo para mas, hay un holandés que (están en el círculo central) ya se le viene encima para cortar el juego. Pero Iniesta sí que sabe, y entonces utiliza el único recurso posible: el tacón. Sin moverse del lugar donde recibe la pelota, le da suave con el taco, y se la sirve a Cesc, que sale jugando con toda la cancha de frente. Iniesta no lo sabe, pero en apenas 12 segundos se volverá a encontrar con el balón dentro del área para convertir el gol más importante de la historia del fútbol español.
Hace poco Mourinho salió a decir que ese gol lo podía haber hecho cualquiera, un defensa, un lateral. Tengo mis dudas. Lo que está claro es que la genialidad del tacón de Iniesta, por fácil que parezca en las repeticiones de video, eso seguro que ningún defensa en mitad del campo tendría la claridad para hacerlo. Viene luego la parte mas conocida de la jugada: Cesc se la da a Navas, este abre a Torres sobre la izquierda, que en cuanto puede saca un centro buscando a Iniesta. El centro lo corta como puede nada menos que Van der Vaart (el que le había hecho falta al comenzar la jugada a Navas, unos 20 segundos antes de este centro), algo que también hace muy mal: la deja muerta en la medialuna del área. Hay tres holandeses a menos de un metro, pero el que llega primero es Cesc, que primero controla el balón, y luego se lo pone a Iniesta para que haga el gol. Se repite lo que ocurriera antes del tacón de Iniesta: los dos holandeses que tocan le pelota en estos 25 segundos, literalmente hacen solo eso, tocarla. La sacan como pueden hacia adelante, no buscan nunca a un compañero, justo lo contrario a lo que hacen Iniesta y Cesc, que siempre buscan controlarlo y si pueden, asociarse.
El pase de Cesc es bueno, pero a Iniesta le pica justo antes de recibirla, y por eso cuando la controla con su pie derecho la pelota sube. Volviendo al comentario de Mourinho, yo creo que este simple detalle es el que haría imposible para casi cualquier defensa marcar este gol. Quien haya jugado al fútbol sabe lo traicioneros que son los balones de sobrepique, lo fácil que es mandarlos diez metros sobre el travesaño si se les da con el puro instinto, sin pensar. Pero Iniesta es un fuoriclasse, y sabe de sobra que a una pelota que pica nunca se le pega cuando sube. Tiene que dejarla picar, y esperar a que vuelva a subir, en un instante que dura una eternidad para los que lo estamos viendo, y justo cuando empieza a caer de nuevo, ahí le da con toda el alma. Van der Vaart sabe que no tiene nada que hacer, pero sabe también que su entrenador no le perdonará nunca que no se tire en tijera cuando sale el disparo. En una entrevista, Iniesta lo explicaba así: “Desde que la controlo, sé que es gol. Sé que el defensa no llega, que el portero no llega... Solo he de esperar a que caiga, a que se cumpla la ley de Newton. Sabía que bajaba, que le pegaba, que era gol...” Me gusta pensar que hubo algo de justicia divina en el hecho de que ese gol que vale un mundial lo convirtiera Iniesta, el jugador español que mejor representa la esencia de este juego, el que mejor entiende esos códigos misteriosos que como decía mi viejo, no se pueden aprender. Los dioses del futbol saben a quien convierten en leyenda.
Y como si esto fuera poco, en el festejo del gol llega la segunda lección magistral de Iniesta en esa noche de gloria: se quita la camiseta, y le muestra al mundo su homenaje a Dani Jarque, su amigo (que jugaba en el Español) fallecido el año anterior. “Dani Jarque siempre con nosotros” pudo leer el mundo entero en la camiseta que llevaba debajo. Goles son amores, pensé cuando lo vi. Vaya sensibilidad, vaya delicadeza la de este pibe, que en el vestuario antes de salir a jugar el partido mas importante de su vida es capaz de hacerse tiempo para preparar esa camiseta.
El de Fuentealbilla marcó el gol de su vida, y volvía a hacer campeona del mundo a una selección que juega como los dioses, algo que no ocurría desde hacía décadas. Los amantes del buen fútbol volvimos a llorar de emoción. Por fin, tantos años después, un equipo conseguía lo más difícil que hay en este juego: ganar jugando bien. El tedio llevaba demasiado tiempo reinando en los mundiales, pero por suerte apareció Andrés Iniesta. Los hombres sensibles del barrio de Flores vuelven a sonreir. El fútbol tiene quien le escriba.

Muy bueno Dani!
ResponderEliminarGracias!
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