Cuando Xavi tiene la pelota,
la métrica a su alrededor pasa a ser
relativista.
Anónimo
Anónimo
La teoría de Einstein
dice que el espacio y el tiempo son relativos, y que esto se manifiesta
especialmente bajo determinadas circunstancias. Resumiendo mucho, podríamos
decir que el genio de Einstein radica en haberse dado cuenta de que la
expresión dos acontecimientos
simultáneos, en sí misma, carece de sentido: hace falta decir para quién son simultáneos. Del hecho de
que la simultaneidad no sea absoluta, se siguen la relatividad del espacio y
del tiempo. En pocas palabras, puede demostrarse que la longitud de cualquier
objeto (un coche por ejemplo) que se mueva a gran velocidad se contraerá en la
dirección del movimiento, mientras que el tiempo se dilatará en este sistema.
Es decir, el reloj del conductor del coche marchará más lentamente que cuando
se encuentra en reposo. Lo mismo ocurre si cambiamos el movimiento a gran
velocidad, por la presencia de un campo gravitatorio muy intenso, como el que
originan los agujeros negros, lo que incluso podría dar lugar a la aparición de
ondas gravitacionales. Al principio, todas estas conclusiones parecían
demasiado fantásticas como para corresponder a la realidad (como si la realidad
tuviese la obligación de ser aburrida) y fueron rechazadas por los científicos,
pero fueron finalmente confirmadas y hoy nadie duda de que la relatividad del
espacio y del tiempo es una propiedad del universo en que vivimos.
En mi modesta
opinión, el futbol de Xavi Hernández agrega una nueva dimensión a la teoría de
Einstein. Su capacidad para encontrar huecos en los sofisticados entramados
defensivos que nos ha deparado el futbol posmoderno solo puede explicarse desde
una óptica relativista. Lo hemos visto una, dos, mil veces: Xavi recibe la
pelota en mitad de cancha, levanta la cabeza y ve a todos sus compañeros
marcados. No hay espacio para meter un pase, ni para tirar una pared, jugarla
hacia atrás parece la única opción. Y sería la única opción para cualquier
jugador no einsteniano. Pero Xavi es
una sublime excepción, es una supernova que juega al futbol: se hamaca, hace
una calesita y de pronto, el ancho del campo se duplica, los centímetros que
separan a Messi de sus marcadores se convierten en metros, el área se vuelve
enorme antes del pase y minúscula cuando un compañero recibe la pelota y queda
mano a mano frente al portero.
He visto sus
asistencias cientos de veces en el Camp Nou, en el Calderón, por la tele. Los
comentarios son siempre los mismos: cómo hizo para meter un pase así? Aventuro
que no se puede explicar desde una óptica lineal, clásica. Habrá que aceptar
que Xavi tiene un don especial que le permite hacer fácil lo difícil, y que
pasa por aprovecharse de la relatividad del espacio como fenómeno futbolístico.
Hace unos días nos
desayunábamos con la noticia de la primera observación de las ondas
gravitacionales predichas por Einstein. Hasta donde pude entender, los
científicos del laboratorio LIGO han detectado un efímero pulso de menos de un
segundo de duración, producto de la colisión de dos agujeros negros ocurrida hace
unos mil millones de años, y que desde entonces atravesó una distancia de algo
mas de mil millones de años luz para llegar hasta nosotros. Creo que esta
observación puede ser un excelente punto de partida para que los físicos se
dediquen a estudiar el fenómeno Xavi en su verdadera dimensión. De paso, creo
que nos ayudará a entender mejor la verdadera causa de las muchas falsas alarmas detectadas en el
experimento LIGO.

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